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Canciones de cuna del «mal»
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Canciones de cuna del «mal»

El CD «Lullabies from the axis of evil» da voz a artistas de países a los que Occidente ha tachado de «Estados enemigos».

«Deja ya de llorar, ojo mío. Aunque la noche parezca no tener fin, la recorreré hasta que estemos en casa.» Es el lamento de una madre de Palestina, fundido aquí con la aportación de una artista noruega en una obra de arte conmovedora que hermana a los pueblos.

En 2002, George W. Bush acuñó el término «eje del mal» y se refería con ello, entre otros, a Irak, Irán y Corea del Norte. En aquel tiempo, cuando Estados Unidos desataba guerras imperiales contra toda una serie de países, al hombre de la iglesia Erik Hillestad se le ocurrió cómo se podía oponer a ese pérfido concepto belicista un verdadero trabajo por la paz: con canciones de cuna para los bebés, las criaturas más débiles, más necesitadas de protección y más inocentes que existen. Cada canción de cuna debía ser cantada conjuntamente por dos mujeres: una del ámbito cultural occidental y otra de uno de los países que, según Bush, formaban parte del eje del mal.

Publicado
7. diciembre 2024
Tiempo de lectura
aprox. 9 min
Canción
Ya lel ma atwalak / This never ending night
Álbum
Lullabies from the axis of evil, 2004

«Lullabies from the axis of evil»: canciones de cuna del eje del mal. ¡Qué título de CD tan poderoso y provocador! Fue quizá la declaración más política y, al mismo tiempo, más conmovedora que unos músicos hayan dado jamás a escuchar. La idea de este proyecto que hermana a los pueblos fue del productor musical noruego Erik Hillestad, quien con su sello discográfico «Kirkelig Kulturverksted», que traducido significa algo así como «taller cultural eclesiástico», había reunido ya muy a menudo a músicos de distintos ámbitos culturales. Hillestad procede de un entorno religioso y cree que el intercambio y la colaboración tienen una fuerza pacifista.

En 2004, el productor afincado en Oslo desarrolló la idea de estas canciones de cuna. En 2003, un año antes, Estados Unidos había presentado ante las Naciones Unidas (ONU) supuestas pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva, que debían servir a la superpotencia como motivo para una guerra de agresión contra Irak y un cambio de régimen. Aquella guerra fue tan contraria al derecho internacional como la guerra de Afganistán que Estados Unidos ya había desatado en 2001, como reacción a los atentados del 11-S. En vano había intentado Estados Unidos obtener del Consejo de Seguridad de la ONU el mandato correspondiente para un ataque, y a continuación había tratado de legitimar su agresión mediante el artículo 51 de la Carta de la ONU, el derecho a la legítima defensa, que sin embargo aquí no encuentra aplicación conforme al derecho internacional.

Sea como fuere: el entonces presidente estadounidense George W. Bush acuñó el 29 de enero de 2002, en un discurso sobre el estado de la nación, la consigna política del eje del mal, que en su opinión amenaza la paz del mundo. Con ello se refería en concreto a los países Irán, Irak y Corea del Norte, que apoyarían a terroristas y aspirarían a poseer armas de destrucción masiva, pero incluyó también a Cuba, Libia y Siria.

Así pues, en aquel tiempo, cuando Estados Unidos buscaba el apoyo de una comunidad internacional de Estados para desatar guerras imperiales contra todo un puñado de países, al hombre de la iglesia Erik Hillestad se le ocurrió cómo se podía oponer al concepto del «eje del mal» un verdadero trabajo por la paz: con canciones de cuna para los bebés, para las criaturas más débiles, más necesitadas de protección y más inocentes que existen. Cada canción de cuna debía ser cantada conjuntamente por dos mujeres: una del ámbito cultural occidental y otra de uno de los países que, según Bush, formaban parte del eje del mal.

Original

„This never ending night
of longing and wandering
My hair has turned to white
My body’s ill“

Übersetzung

„Esta noche interminable
de anhelo y errar sin rumbo
Mi cabello se ha vuelto blanco
Mi cuerpo está enfermo“

¡Qué fuerza simbólica emana de este proyecto! Oriente y Occidente se encuentran para invertir por completo la propaganda de guerra, para desmentir con canciones de cuna al presidente estadounidense en su afirmación de que hay pueblos «buenos» y «malos». Ámbitos culturales azuzados unos contra otros se encuentran para responder a la agresión retórica con entendimiento, para oponer a la violencia de la guerra y de la muerte quizá la más tierna y amorosa de las manifestaciones humanas: las suaves canciones de una madre amorosa para su hijo. Dan cobijo y son la contraparte de la retórica del presidente estadounidense: haced la guerra, si es que tenéis que hacerla, ¡nosotras cantamos juntas para nuestros hijos!

Tanto en lo musical como en el contenido hay en las canciones de cuna afinidades estéticas, dice Hillestad. Los temas son a menudo los mismos, así como la estructura musical. Las diferencias de tonalidad, lengua, metáfora y religión no pueden ocultar que existe un vínculo entre las culturas de la Tierra. El noruego tenía, dicho de forma sencilla, la esperanza de que los soldados estadounidenses que escuchen las nanas de las madres iraquíes no torturen a los padres iraquíes. Contra una canción de cuna no se puede luchar, porque es muy fuerte, afirma Hillestad.

Pero fue un camino pedregoso desde la idea hasta el CD terminado: durante dos años el noruego recorrió el Próximo y el Medio Oriente para grabar allí, en parte bajo circunstancias adversas y no exentas de peligro, a numerosas cantantes. Así, viajó en vuelos humanitarios al Afganistán castigado por la guerra y al Irak de la preguerra, grabó pese a la prohibición a mujeres que cantaban en Estados islámicos como Irán y Siria, e hizo contrabandear cintas desde Corea del Norte, porque no podía entrar en el país. Ahora tocaba encontrar a las compañeras occidentales.

Pero un tercio de las artistas de Estados Unidos a las que Hillestad se dirigió declinaron por miedo a acabar en una lista negra en América y no poder ya actuar allí ni vender discos. ¿No dice esto mucho sobre Estados Unidos, que define la libertad de expresión como derecho fundamental y base de una democracia y luego afirma querer implantar la democracia en los países «malos»? Por cierto, el miedo no era infundado: cuando el CD apareció en 2004, fue efectivamente incluido en una lista negra en Estados Unidos. La cultura de la cancelación no es, pues, en verdad ningún fenómeno nuevo.

Original

„Suhail, my little light
and Fares, my precious one
Some day you’ll bring me medicine
I know you will“

Übersetzung

„Suhail, mi lucecita,
y Fares, mi tesoro,
algún día me traerás medicina,
lo sé con certeza.“

Tras una larga búsqueda, Hillestad encontró finalmente a cantantes de primer nivel: la escocesa Eddie Reader cantó junto a la norcoreana Sun Ju Lee, y Sarah Jane Morris, de Inglaterra, se unió a la iraní Mahsa Vahdat. Rickie Lee Jones, de Estados Unidos, alza su voz con la iraquí Halla Bassam, y también hubo una alemana: Nina Hagen, junto a Martha Lorenzo, de Cuba, dejó en la canción «Lullaby, Sweet Baby» una señal tierna y a la vez poderosa contra la guerra. George W. Bush, Dick Cheney y John Ashcroft son el verdadero eje del mal, subraya Rickie Lee Jones en una entrevista:

Ellos mismos son una tríada del mal, por eso piensan en tales términos. Pasar a la historia como el presidente que calificó de malvados a los pueblos del Medio Oriente es un legado terrible. Intentar en tiempos políticos invocar la religión y la idea del bien y del mal cuando en realidad se lucha por el petróleo; intentar que el pueblo estadounidense piense en estas personas como malvadas porque se quiere su petróleo: eso es lo que hace Bush.

El primero de estos 14 dúos que Hillestad grabó fue la colaboración entre la palestina Rim Banna y la noruega Kari Bremnes. A Rim Banna, que estudió música en Moscú y se casó con un hombre ucraniano, la conoció en Nazaret durante una fría noche de diciembre, y quedó profundamente impresionado. Tierra Santa, donde antaño tres grandes religiones pudieron convivir en paz durante siglos, es la región en la que la doble moral del mundo occidental alimenta constantemente el creciente fundamentalismo extremo del mundo musulmán, afirma Hillestad.

Rim Banna acababa de dar a luz a unos gemelos y cantó completamente sola ante los micrófonos de Hillestad, con una intensidad sobrecogedora, «Ya lel ma atwalak», a capela. Él se emocionó hasta las lágrimas, aunque no entendía ni una sola palabra de esta canción, que trata del desgarrador anhelo de una madre que vaga en la oscuridad mientras está separada de sus dos amados hijos. La noche parece no tener fin; el dolor de la separación de sus hijos la hace envejecer antes de tiempo.

Original

„And I always will remember
like they are wandering besides me
The dearest and beloved ones
you’re separated from
Stop crying now, my eye
even if it seems forever
I will wander in this night
until we are home“

Übersetzung

„Y siempre lo recordaré,
como si caminaran a mi lado:
los más queridos y amados,
de quienes estás separada.
Deja ya de llorar, ojo mío,
aunque parezca una eternidad,
vagaré en esta noche
hasta que estemos en casa.“

Es un tema universal de una madre amorosa en cualquier lugar del mundo, que Kari Bremnes desarrolló luego en Noruega y llevó a su plenitud, con el apoyo del genial virtuoso de las cuerdas Knut Reiersrud. Cuando estas dos mujeres fuertes atraviesan esta noche que nunca termina, cada nota que sale de sus labios corrobora que ninguna guerra del mundo fue jamás necesaria. Que ninguna guerra del mundo merece que las madres tengan que llorar por sus hijos y ya no puedan cantarles canciones de cuna.

Original

„So sleep and you’ll be strong
Sleep on now, my baby boy
Some day you’ll take us back again
to where we belong“

Übersetzung

„Así que duerme y serás fuerte
Duerme ya, mi pequeño niño
Algún día nos llevarás de vuelta
adonde pertenecemos“

Escuchar y ver

Publicado originalmente en Manova www.manova.news/artikel/wiegenlieder-des-bosen

Versión en audio de este artículo

La canción en versión original