
Divertidos hasta la muerte
Desde siempre, Roger Waters ha increpado con su música a los poderosos de este mundo — y por eso hoy el establishment lo combate.
Roger Waters sí podrá actuar finalmente en el Festhalle de Fráncfort. Así lo decidió a finales de abril el Tribunal Administrativo de Fráncfort, invocando la libertad artística. Antes, la ciudad de Fráncfort del Meno y el estado federado de Hesse habían prohibido el concierto. Se acusa a Waters de antisemitismo. Además, había criticado al presidente estadounidense Joe Biden por su política respecto a Ucrania. Y eso que Waters nunca se ha mordido la lengua. Como cerebro de Pink Floyd fue responsable tanto del álbum „Animals“, publicado en 1977 e inspirado en el libro „Animal Farm“ de George Orwell, como del álbum „The Final Cut“ de 1983, en el que Waters tiende un puente desde la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial hasta la guerra de las Malvinas librada por los británicos en 1982.
Sin embargo, para el gran ajuste de cuentas crítico con la sociedad Waters tomó impulso en su obra en solitario „Amused to Death“, publicada en 1992. Allí encontramos crítica a los medios, crítica a la religión, crítica al capitalismo y, por supuesto, retórica antibelicista — y todo ello a lo largo de la duración completa del álbum, unos 70 minutos. Visto así, „Amused to Death“ no es una canción antibelicista, sino directamente todo un álbum antibelicista.
Nos divertimos hasta la muerte
Waters se inspiró entonces en el libro „Divertirse hasta morir“ del especialista estadounidense en medios Neil Postman, publicado en 1985. En él, Postman sostiene la tesis de que el discurso público se vuelve cada vez más superficial en la era de la televisión. Cualquier tema, ya sea la religión, la educación, la política o precisamente la guerra, degenera en entretenimiento. Postman acuñó, entre otros, el término „infotainment“ y lamentaba la „infantilización“ de la sociedad que de ello resulta. Waters plasmó también las tesis de Postman en la portada del álbum de „Amused to Death“. En ella se ve a un mono sentado frente a un televisor, al que desde la pantalla observa fijamente un ojo gigantesco.
El álbum en sí comienza con „The Ballad of Bill Hubbard“, que es más una introducción instrumental que una canción propiamente dicha. En la pieza se ha incorporado un fragmento de la emisora británica BBC del año 1991. En él, Alf Razzell, un veterano de la Primera Guerra Mundial, describe cómo encuentra a su camarada gravemente herido Bill Hubbard en la „tierra de nadie“ entre las trincheras y cómo tiene que abandonarlo mientras agoniza. Es precisamente a ese soldado moribundo a quien Waters dedicó el álbum. En la funda del disco puede leerse: Dedicated to Private William Hubbard (1888 bis 1917), Eighth Battalion of the Royal Fusiliers, City of London Regiment
.
Puesta en escena mediática y banalización
No obstante, el núcleo temático de „Amused to Death“ reside en la puesta en escena mediática y la banalización de las guerras, que con la Segunda Guerra del Golfo de 1991 alcanzaron una nueva dimensión. Entonces varios estados se habían aliado bajo el liderazgo de Estados Unidos contra Irak y su dictador Sadam Huseín, que previamente había invadido el país vecino de Kuwait.
Lo particular de aquel momento fue que, por primera vez, la guerra se escenificó como una especie de espectáculo televisivo. Casi a diario se veía en las pantallas al general estadounidense Norman Schwarzkopf, vestido de camuflaje, explicando el avance de las operaciones de combate. Al espectador se le transmitía así la ilusión de una conducción bélica quirúrgicamente precisa, en la que, mediante armas guiadas por control remoto, solo se alcanzaban objetivos militares y se evitaban en lo posible los „daños colaterales“. La guerra adquiría así el carácter de un videojuego.
Waters retoma precisamente esa escenificación en directo de la guerra en las piezas „Perfect Sense“, que consta de dos partes, y „The Bravery of Being Out of Range“. En „Perfect Sense“, por ejemplo, se escucha al entonces popular comentarista deportivo estadounidense Marv Albert — „The Voice of Basketball“ — hablando de las acciones bélicas como si fueran un partido de baloncesto. Las piezas „Late Home Tonight“ parte 1 y parte 2, en cambio, tratan del bombardeo de las ciudades libias de Trípoli y Bengasi por parte de Estados Unidos en el año 1986. En ellas Waters describe, entre otras cosas, la vida cotidiana de un piloto de bombardero estadounidense:
The beauty of military life. No questions, only orders and flight, only flight.
El foco en la crítica social
En el álbum se encuentran además algunas piezas en las que el foco recae con más fuerza sobre la crítica social. En „What God Wants“, por ejemplo, Waters pone en el punto de mira a los predicadores televisivos entonces populares en Estados Unidos. Y en „The Miracle“ reprocha al compositor británico Andrew Lloyd Webber, conocido entre otras cosas por „The Phantom of the Opera“, que sus musicales solo adormecen a la gente y no la invitan a reflexionar. „You´re Watching TV“, por su parte, trata de la represión del movimiento democrático chino de 1989 en la plaza de Tian’anmen, en Pekín.
Con 49 años tengo una visión del mundo tan sombría como la que tenía con 17
, dijo entonces. Como sabemos hoy, la visión del mundo de Waters tampoco ha cambiado unos 30 años después, a sus 79 años. Lo que sí ha cambiado es el clima social en Alemania. Aquí, un corredor de opinión cada vez más estrecho hace que Roger Waters tenga que pelear ahora ante los tribunales por el derecho a expresar públicamente su visión del mundo.
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