
El vórtice de la guerra
El rapero Prinz Pi nos muestra con «Drei Kreuze für Deutschland» cómo la guerra cobra su tributo de sangre también lejos de los combates.
Las guerras son un Moloc que devora vidas humanas también más allá de los combates. El tema «Drei Kreuze für Deutschland», publicado por Prinz Pi en 2011, ilustra cómo la muerte cobra su tributo también fuera de los campos de batalla. Es un llamado «story-telling track» en el que Pi narra el destino de una familia de soldados de cuatro miembros.
El padre es capitán de la Marina, la madre una civil, y los dos hijos son soldados que han regresado de la ilegal misión de guerra en Afganistán. Con cada estrofa muere un miembro más de la familia. El padre cae por la borda del buque de guerra durante la noche, el hijo mayor se suicida a causa de su trastorno de estrés postraumático, y el menor consigue que lo destinen al seguro servicio interior, pero luego es asesinado en su propia patria por neonazis. Al final solo la madre sigue con vida, y de su familia no le queda más que tres cruces que el ejército le concedió por sus hombres perdidos.
En el lenguaje corriente se habla de «hacer tres cruces» cuando se ha superado sin daño una época de privaciones o un desafío. La madre, viuda y ahora sin hijos, también hace en la última estrofa «sus tres cruces», pero se trata de «tres cruces por Alemania». No le queda nada más que estas tres cruces. Es un amargo desenmascaramiento del culto patriótico militar con sus medallas y seguidores.
Original
„„Mutter steht vorm Admiral, guckt auf die Orden
So viel bunte Stecker kriegt man fürs Morden““
Übersetzung
„La madre ante el almirante, contempla las condecoraciones
Cuántas chapas de colores dan por asesinar“
Salvo en la última estrofa, Prinz Pi renuncia en el tema casi por completo a los juicios de valor. Describe la vida y la muerte de los soldados y deja al oyente sacar sus propias conclusiones. Así, tampoco dedica una sola palabra al carácter ilegal de las misiones del Bundeswehr. El tema pretende incitar al oyente a desenmascarar por sí mismo lo absurdo de la guerra y de sus consecuencias. Pues al final queda la pregunta de para qué habrán servido estas misiones de guerra. ¿En favor de qué se comprometió supuestamente el Bundeswehr?
En el estribillo se esboza el idilio original de la familia —solo aparente hacia fuera— que poco a poco se desmorona.
Original
„Da steht ein Haus am Meer, ein kleines Haus am Meer
Mit Mutter, Vater und zwei Söhn‘ und sie liebt sie sehr
Und einem Labrador und ei‘m Familienwagen
Und in der Küche sieht man Mutter warten“
Übersetzung
„Hay una casa junto al mar, una casita junto al mar
con madre, padre y dos hijos, y ella los quiere sin par
y un labrador y un coche familiar
y en la cocina se ve a la madre esperar“
Y con la destrucción del idilio familiar, junto a las tres cruces condecorativas no queda más que la nada absoluta. Ni el padre en el Golfo Pérsico ni los hijos en Afganistán contribuyeron en modo alguno a un mundo mejor, y aun así perdieron la vida.
Y también la Alemania aquí descrita, que supuestamente debe llevar libertad y democracia a otros continentes, tiene problemas ante su propia puerta. Al final, el hijo menor muere en el intento de proteger a un conciudadano de piel oscura de los ataques neonazis. ¿Es esta la Alemania por la que la madre recibe las cruces?
Notas de paz que enmudecen
Diez años después de la aparición de «Drei Kreuze für Deutschland», la pregunta por el sentido de la «misión» estaba más vigente que nunca, cuando Occidente se retiró precipitadamente de Afganistán en 2021. En largas Instagram-Storys Pi se pronunció con detalle sobre 20 años de misión en Afganistán. La Insta-Story, en su mayor parte digna de leerse, no carece sin embargo de declaraciones sumamente extrañas sobre el coronavirus y el cambio climático, con lo que llegamos al paulatino arrimarse de Prinz Pi al mainstream y a la autonegación que ello conlleva.
Si antes una parte nada desdeñable de su música consistía en lo que hoy sería difamado y cancelado como «ideología conspirativa» y «charlatanería», Pi se ha vuelto entretanto previsible y se mueve desde hace ya años por aguas aptas para la radio. Es cierto que la anterior crítica al sistema de Prinz Pi / Porno era desmesuradamente exagerada, pero fue precisamente con esa exageración como logró señalar abusos reales y entramados de poder político. Sin embargo, entretanto el rapero de nombre civil Friedrich Kautz se ha convertido, en materia de crítica ideológica, en un tigre sin dientes. Y con este arrimarse abandonó por desgracia también sus posiciones pacifistas o al menos críticas con la guerra.
Cuando la guerra civil de ocho años en Ucrania desembocó en febrero de 2022 en la guerra entre Ucrania y Rusia, publicó un vídeo algo perturbador en Instagram, en el que llamaba a su comunidad a donar a organizaciones de ayuda para Ucrania —contra lo cual, naturalmente, nada hay que objetar— o a llamar la atención mediante publicaciones en las redes sociales sobre el hecho de que en ese país impera una guerra. Pero lo que resulta cuando personas sin conocimientos geopolítico-históricos de fondo dan su opinión sobre la situación actual podemos admirarlo en Twitter. Además, se indignaba de que en Alemania la gente, en los últimos dos años, solo saliera a la calle por no sé qué «confusas teorías conspirativas» —eso es lo que el príncipe entiende por derechos fundamentales— y que, a diferencia de los manifestantes en Rusia, no fuera apaleada ni detenida. Puro escarnio para todas las personas del movimiento por la democracia a quienes esto les ocurrió en Alemania.
Algunas semanas más tarde, Pi se pasó de la raya con una serie de escandalosas Insta-Storys. Por desgracia, estas no se guardaron como «Highlight»; no pueden enlazarse aquí y solo pueden reproducirse a partir del recuerdo. El motivo fue la carta abierta de varios intelectuales al canciller Scholz, en la que elogian su vacilación ante las entregas de armas a Ucrania y, además, apelan a seguir sin enviar armamento pesado a la zona de guerra.
Prinz Pi se mostró, ante esta exigencia —lógica para cualquier pacifista—, atónito. En cadenas argumentativas casi infantiles, que uno como oyente de muchos años de su música no conoce ni habría esperado, Pi comparó a Ucrania con un niño en el patio del colegio acosado por el grande y fuerte matón del patio, Rusia.
Un no entregar armas significaría, según esto, dejar en la estacada a la débil e inocente Ucrania. Además, Putin se vería impelido, en tanto Ucrania no pudiera defenderse, a asaltar otros países de Europa. El peligro de una guerra nuclear no era para el príncipe motivo alguno para negar las entregas de armas. Los trasfondos geopolíticos e históricos Pi los omitió por completo, de un modo desacostumbrado, o los trivializó. La monstruosidad de la expansión de la OTAN hacia el Este la calificó, minimizándola, de «no tan chula».
Ante este exabrupto en Instagram, viejas notas de paz críticas con la guerra como Teufel im Schafspelz, Die Bomben schlafen, Krieg @Home o Schornsteine parecen como olvidadas, como si salieran de otra pluma.
Prinz Pi no es aquí, por desgracia, un caso aislado. Por ejemplo, en junio el cantante punk de «Die Toten Hosen», Campino, desconcertó con una declaración según la cual, en las circunstancias actuales, no se negaría a prestar el servicio militar. También numerosos otros artistas no tuvieron reparo en tocar en «manifestaciones por la paz» en las que se exigían entregas de armas.
¿Cómo explicar que artistas antes honorables parezcan olvidar sus valores, que renieguen de su pacifismo en tiempos en que resuenan los tambores de guerra? ¿Qué los desacopla de su antigua genialidad y, en particular, de su autenticidad, de su fidelidad hacia sí mismos y hacia sus valores?
Una posible respuesta podría dárnosla un ensayo de José Ortega y Gasset sobre Goethe. En «Pidiendo un Goethe desde dentro», Ortega y Gasset plantea la tesis de que cada ser humano estaría llamado a una tarea, a un determinado ser. Y durante toda su existencia el hombre se hallaría en una lucha constante con el mundo que lo rodea, el cual, con sus carencias y penurias materiales, con las normas y las nociones de valor sobre cómo se ha de ser, lo apartaría de seguir su vocación pese a las resistencias. Precisamente esa lucha sería aquello en lo que el hombre madura, si permanece fiel a sí mismo y por ello acepta las privaciones en el mundo exterior. Goethe, en cambio, habría sido en sus años jóvenes —así concluye el filósofo español— aislado de esa misma lucha con el entorno por su retiro en la próspera corte de Karl August en Weimar, al precio de la traición a sí mismo y del abandono de sí:
Original
„Goethe nimmt die Einladung des Großherzogs Karl August an. Und nun möchte ich Sie bitten, sich ein Leben Goethes ohne Weimar vorzustellen – einen Goethe, eingesenkt in das Dasein des ehemaligen Deutschlands (…), einen Goethe, allen Unbilden preisgeben, ohne die Basis materieller – wirtschaftlicher und gesellschaftlicher – Sicherheit (…) kurz, das Gegenteil jenes Goethe, der mit fünfundzwanzig Jahren unter die sterile Glasglocke von Weimar gesetzt (…) wird. (…)
Wir können (…) die versteinernde Wirkung verfolgen, die Weimar auf ihn übt. Der Mensch erstarrt zur Statue. (…) Goethe beginnt, gegen den Sinn seiner Sendung zu leben, sich zu ‚entleben‘. (…) Goethe ist ein Feuer, das viel Holz braucht, aber in Weimar gibt es keinen Brennstoff, wie es keine Atmosphäre gibt (…). Goethe ist ein furchtbares Beispiel dafür, daß ein Mensch nur ein echtes Leben haben kann: das, wozu er berufen ist. Wenn seine Freiheit ihn verführt, sein unwiderrufliches Ich zu verleugnen und ihm ein anderes willkürliches unterzuschieben, (…) schleppt er ein gespenstisches, unbefriedigendes Dasein, ein Dasein zwischen – Dichtung und Wahrheit. Goethe hatte sich an eine derartige Lebensform schließlich so sehr gewöhnt, daß er die Wirklichkeit nicht mehr braucht (…).
Nichts lockert die tiefen Spannkräfte des Lebendigen so sehr wie allzu leichte Gelegenheiten. Etwas derart bedeutete in jener entscheidenden Epoche aber Weimar für Goethe. Weimar ermöglichte es ihm, sich in seiner Jugend zu verkapseln (…). Das Problem seiner Stellung in der Welt ist mit einem Schlag für ihn gelöst, ohne daß irgend etwas Bestimmtes von ihm verlangt wird. Goethe gewöhnt sich daran, auf dem Leben zu schwimmen – er vergißt, daß er ein Schiffbrüchiger ist. [1]“
Übersetzung
„Goethe acepta la invitación del gran duque Karl August. Y ahora quisiera pedirle que se imagine una vida de Goethe sin Weimar: un Goethe hundido en la existencia de la antigua Alemania (…), un Goethe expuesto a todas las adversidades, sin la base de la seguridad material —económica y social— (…); en suma, lo contrario de aquel Goethe que a los veinticinco años es colocado (…) bajo la estéril campana de cristal de Weimar. (…)
Podemos (…) seguir el efecto petrificante que Weimar ejerce sobre él. El hombre se paraliza hasta volverse estatua. (…) Goethe empieza a vivir contra el sentido de su misión, a ‚desvivirse’. (…) Goethe es un fuego que necesita mucha leña, pero en Weimar no hay combustible, como tampoco hay atmósfera (…). Goethe es un ejemplo terrible de que un hombre solo puede tener una vida auténtica: aquella a la que está llamado. Cuando su libertad lo seduce a renegar de su yo irrevocable y a suplantarlo por otro arbitrario, (…) arrastra una existencia fantasmal e insatisfactoria, una existencia entre — Poesía y Verdad. Goethe se había acostumbrado finalmente tanto a semejante forma de vida, que ya no necesita la realidad (…).
Nada afloja las profundas fuerzas de tensión de lo viviente tanto como las ocasiones demasiado fáciles. Algo así significó, sin embargo, Weimar para Goethe en aquella época decisiva. Weimar le permitió encapsularse en su juventud (…). El problema de su lugar en el mundo queda resuelto de un golpe para él, sin que se le exija nada determinado. Goethe se acostumbra a flotar sobre la vida — olvida que es un náufrago. [1]“
Podemos trazar aquí, en algunos puntos, paralelismos con Prinz Pi. Lo que Weimar representó para Goethe es, para Pi, en cierto modo su haber llegado al mainstream. Los éxitos en las listas, las giras agotadas y premios como la 1 Live Krone trajeron consigo un cambio, de modo que Pi, en sus letras, se volvió más manso con cada álbum. Al mismo tiempo, con esta evolución creció el esnobismo del rapero, que originalmente provenía de un entorno menos acomodado. Así, ahora vive en un elegante piso de diseño, conduce caros coches deportivos y por lo demás tampoco es parco a la hora de exhibir su decadencia en Instagram.
En honor a la verdad, hay que añadir que Pi se ganó su bienestar por sí mismo y no fue, como Goethe, invitado a una próspera corte. Pero el denominador común reside en el resguardo frente a las tormentas de la vida, al menos en lo que atañe a las penurias materiales. Y de la ausencia de esa penuria resulta, a su vez, una altura de caída propia del bienestar. Al bienestar recién ganado, que también es capaz de adormecer las dudas internas, uno se aferra, naturalmente, con desesperación. Así, en algún momento ya no resulta tan fácil incomodar en ese medio y nadar contra corriente.
Así se explica cómo músicos a los que antes admirábamos por su actitud o su autenticidad soplan hoy el cuerno del mainstream y se dejan enganchar al carro de cualquier agenda —ya sea el coronavirus o la guerra de Ucrania—.
Cuando se trata de guerra y paz, aquí la serpiente se muerde la cola. Pues una guerra devora, como es evidente por sí mismo, ese bienestar que adormece los dolores del alma del artista, en cuanto el combate se extiende geográficamente.
Así pues, mientras desesperamos ante el proceder actual y la claudicación de numerosos artistas, podemos aferrarnos a las viejas obras, mantener viva la memoria de la creación anterior y, con ello, dejar siempre una puerta abierta a los artistas, por si algún día volvieran a recapacitar.
Fußnoten
- Véase Ortega y Gasset, José: „Um einen Goethe von innen bittend“, Bonn, 1982, páginas 38 a 47. ↩
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