
¡Los rusos no quieren la guerra!
Con su poema «¿Crees que los rusos quieren la guerra?», Yevgueni Yevtushenko mostró que nada le resulta más ajeno a Rusia que iniciar una guerra: demasiado dolorosas son sus propias experiencias con las invasiones del territorio ruso.
¿Crees que los rusos quieren la guerra? Ante las tropas rusas en Ucrania, la pregunta podría entenderse como un cinismo: mira nada más, podría ser la respuesta, ¡claro que los rusos quieren la guerra! Cuando Yevgueni Yevtushenko escribió su poema, del que surgió una canción que regaló a los pueblos de Europa, los tiempos estaban desde hacía mucho marcados por el enfrentamiento de los sistemas, por la enemistad entre Oriente y Occidente. En aquel entonces, el autor era soldado del ejército alemán, la Bundeswehr. Ya fuera en la radio o en el patio del cuartel: a los ciudadanos de este país, que en ningún momento nos perteneció de verdad, se les dejaba claro entonces, siempre y en todas partes, que el ruso, fuera quien fuera, pronto nos invadiría. El ruso nunca vino: hasta hoy no ha llegado a Alemania como enemigo.
Del ataque a su tierra, los rusos entienden más que ninguna otra persona en el mundo. Dos veces en su historia fue invadida por tropas extranjeras. La entrada del ejército francés en tierra rusa comenzó el 24 de junio de 1812. Las tropas alemanas invadieron a los rusos el 22 de junio de 1941. Como resultado de ambas guerras hubo que padecer millones de muertos rusos, tierra quemada y décadas de fatigosa reconstrucción. En ambos casos, los ejércitos extranjeros llegaron sin previo aviso y sin haber sido provocados hasta las puertas mismas de Moscú.
Los rusos no quieren la guerra, porque saben mejor que otros pueblos cómo se siente la guerra. Los rusos llevan en los genes el miedo a una invasión.
En cada familia rusa se puede contar de un pariente que fue devorado por la última guerra: ya sea alguien a quien se recuerda por haber muerto de hambre en el Leningrado sitiado, o alguien asesinado en un campo alemán, o aquel que cayó en la lucha contra los nazis por la liberación de Europa: se le recuerda.
Estos recuerdos rusos acumulados obligan al Estado ruso a una consecuencia: estar preparado para una guerra. Parte de esa preparación consiste en no dejar que el enemigo se acerque demasiado a sus fronteras. Cuando la OTAN, desde su fundación el adversario autodeclarado de Rusia, construyó cada vez más bases alrededor de Rusia, los rusos lo toleraron durante mucho tiempo. Cuando durante años los ucranianos rusos del Donbás fueron masacrados por milicias, Rusia no intervino. Cuando Ucrania quiso emprender el camino hacia la OTAN, cuando permitió laboratorios estadounidenses de armas biológicas en suelo ucraniano, cuando Ucrania amenazó con revocar su renuncia a las armas nucleares, la paciencia de los rusos se agotó.
Sí, los rusos no quieren la guerra. Pero cuando se ven amenazados por la guerra, se enfrentan a la lucha por su existencia.
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