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También los rusos aman a sus hijos
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También los rusos aman a sus hijos

Con su canción „Russians“, Sting cantó en 1985 contra la deshumanización de supuestos enemigos al otro lado del Telón de Acero.

¿No había exagerado Sting? ¿Alguien dudó alguna vez de que los rusos aman a sus hijos, es decir, de que son personas como nosotros en Occidente? Al parecer, el ambiente antirruso en Gran Bretaña durante la primera Guerra Fría era tan malo que él creyó necesario señalar esa obviedad. En aquel entonces eso fue valiente. En algún momento, especialmente en la era de „Gorbi“, uno pudo haber sentido la canción como una lección superflua. ¿Y hoy? Es evidente que hemos vuelto a llegar al punto en que el cultivo de la enemistad hace imposible todo acercamiento, al menos en los niveles políticos más altos. Los ciudadanos de los países occidentales haríamos bien en recordar que también los rusos son padres, hijos, amantes. Y otra idea del antiguo cantante de „Police“ permanece en la memoria: algo así como una guerra que se pueda ganar no existe.

Publicado
25. febrero 2023
Tiempo de lectura
aprox. 5 min
Canción
Russians
Intérprete
Sting
Álbum
The Dream of the Blue Turtles, 1985

De adolescente en los años ochenta tenía miedo de la guerra. Era la época del „No Future“, de la Doble Decisión de la OTAN y de un movimiento por la paz realmente grande.

Mi miedo era difuso. Todavía recuerdo que mi tío me preguntó si sabía qué se había decidido exactamente en aquella Doble Decisión. En aquel entonces no se podía consultar rápidamente en internet, y así balbuceé algo sobre misiles.

Pero el miedo era concreto. Aunque se resquebrajaba la leyenda de una guerra que se pudiera ganar, tal como aún la difundían los presidentes Jimmy Carter y Ronald Reagan, uno tenía la sensación de que en cualquier momento existía el peligro de que algún loco, no importa de qué bando, perdiera los nervios y apretara aquel ominoso „Botón Rojo“.

Estaba de moda que los alumnos de secundaria ya no tomaran sus apuntes en cuadernos, sino en hojas sueltas que se archivaban con mayor o menor cuidado en carpetas. Las caras interiores de las tapas de esas carpetas se llenaban de máximas y sabidurías vitales. Yo escribí en la mía „I love all human beings“, tratando de evitar lo levemente vergonzoso mediante la elección del inglés. Mi expresión de la necesidad de armonía en el contexto del miedo que sentía.

En octubre de 1983 estuve con mis amigos del movimiento por la paz en la cadena humana entre Ulm y Stuttgart. Nena tenía con „99 Luftballons“ un éxito enorme; me sé la letra de memoria hasta hoy: „99 Kriegsminister, Streichholz und Benzinkanister…“ En la cadena saltábamos y coreábamos: „Hopp, hopp, hopp, Atomraketenstopp!“

Los Pershing fueron estacionados de todos modos en Alemania, el equilibrio del terror se hallaba en un punto culminante.

A estos últimos se refería Sting en su primer álbum en solitario, publicado en 1985, „The Dream Of The Blue Turtles“, en particular con la canción „Russians“.

La canción muestra de manera ejemplar el ambiente entonces caldeado entre Este y Oeste a partir de dos citas. Del lado ruso toma la palabra Nikita Jrushchov con el célebre ¡Os enterraremos! Con ello se refería a la victoria definitiva del comunismo sobre el capitalismo. Por Occidente, Ronald Reagan afirma con su habitual tono paternal y contundente Os protegeremos. Recuérdense sus fantasías de la Guerra de las Galaxias, la SDI, la „Space Defense Initiative“. Con ella se pretendía destruir en el espacio, mediante tecnología láser, los misiles de largo alcance del adversario. El fantasma de una guerra atómica que se pudiera ganar cobraba así forma; hasta ahí lo de proteger.

Sting aborda esta idea con el verso There‘s no such thing as a winnable war, it’s a lie we don’t believe anymore y desenmascara a los políticos como mentirosos.

Pero la afirmación central es que espera que también los rusos amen a sus hijos. Poner esto siquiera mínimamente en duda me parece extraño desde la perspectiva actual. Y sin embargo es notable, pues pone en primer plano algo que echo completamente de menos en el debate actual sobre la guerra entre Rusia y Ucrania: empatía.

Que también los rusos son personas pasa por completo a un segundo plano. Vladímir Putin es el diablo, y los soldados rusos son —si no todos, sí la mayoría— criminales de guerra.

Si uno mismo piensa siquiera mínimamente en voz alta sobre negociaciones con los rusos, o clasifica los acontecimientos posteriores al Maidán de 2014 de forma crítica y un poco desde la perspectiva rusa, se le considera un „comprensivo con Putin“ y un aliado del mismísimo mal.

A diferencia de Sting con su desconfianza implícita I don’t subscribe to this point of view, la mayoría de los medios y de las personas siguen el relato del ruso deshumanizado que debe ser derrotado a cualquier precio.

Pero cualquier conflicto solo puede resolverse a largo plazo si ambos se perciben y se toman en serio mutuamente.

Y partir de la base de que todos amamos a nuestros hijos me parece, en este punto, un hermoso pensamiento.

Escuchar y ver

Versión en audio de este artículo

La canción en versión original

Al video en YouTube youtu.be/wHylQRVN2Qs